la sinceridad puede hacer daño, pero la mentira aún más

Cuantas veces habré oído este refrán "Más vale una vez colorado que ciento amarillo", y cuantas veces habré hecho oídos sordos.

Esta semana empezó fenomenal, ocurrieron cosas muy bonitas pero las malas lo ennegrecieron todo. Uno ha de ser sincero, siempre, consigo mismo y con los demás, aunque a veces la verdad pueda doler o herir. Muchas veces evitamos hacer daño a los demás, elegimos no ser sinceros con nuestros sentimientos, mentimos y seguimos adelante, construyendo un castillo sobre cimientos de arena.
Pero cuanto más alto es el castillo más dolorosa su caída, porque caerá, seguro, en cuánto sople el viento.
Yo no fui sincera, elegí no hacer daño. Después de "otro amarillo" aproveché esta semana para reflexionar si quería seguir así, y decidí que había llegado el momento del "colorado", de decir la verdad, de ser sincera con mis sentimientos. Tarde lo sé, mea culpa. Tanto que hice daño, ese daño que tanto había evitado, a los afectados, a los que no pero no lo entienden, y a mi misma. Una tormenta se desató de gente recordándome el daño que estaba haciendo, y asegurando que eso estaba mal, tal mal que posiblemente tuviera unas consecuencias en mi vida, antes o después. (hay mucha gente que cree que debes seguir haciendo "lo correcto" evitando ese daño, pero no te lo creas, si te basas en la mentira, el daño siempre, siempre llega, y cuanto más tarde , más duele)

Me sentí horrible, porque yo soy sincera, por una vez decidí ser colorada,  siento que con mi sinceridad hago daño y no me gusta hacer daño. Pero sé que esto es temporal, que es el ruido del castillo cuando cae, que ese castillo era falso e irreal, y no se basaba en nada.

Sé que ahora todo irá mejor, porque no miento, porque no habrá más amarillos.

Gracias por esperarme, gracias a todos por estar ahí apoyándome, en especial a Enya, mis gatos y Dani por sacarme unas sonrisas sinceras esta buena y mala semana.